lunes, 4 de julio de 2011

Todo igual 30 años después

Un artículo del gran crítico Guarner publicado hace 30 años y tan actual que no podemos dejar de traéroslo.

¿Quiéres hacer una película?
por José Luis Guarner.
Hacer películas hoy en España puede describirse provisionalmente como otra película -o un serial, según se prefiera- titulable La guerra de las galaxias contra el mito de Sísifo. Concebir, producir, rodar, distribuir y estrenar una película en este país, es una clásica empresa iniciática, posible sólo para iniciados como Luke Skywalker. Y exige superar las siguientes pruebas:

l. Hay que encontrar una historia. Interesante, viva, actual, entretenida, inteligente, comprometida y, por encima de todo, barata. Esto descarta, casi automáticamente, los temas de época o que exijan mediana figuración y semovientes: hoy una película protagonizada por el propio director y por su mamá -el escalón más bajo del star-system- vale como mínimo 20 millones de pesetas. Así que a uno le conviene contar cosas pequeñas, como su vida, sus señoras, sus colegios de religiosos, sus obsesiones, su ingreso en el PCE, sus ultimos guateques, sus frustraciones, sus memorias de ultratumba en suma. O bien contar historias intimistas, claustrofóbicas, limitadas a tres o cuatro personajes. Cabe presumir que eso, con alguna afortunada excepción, no interesa mucho al personal, ahora que priva otra vez el espectáculo. Pero 1a elección es clara: o eso, o no contar nada.

2. Luego hay que encontrar un productor. Cosa algo ardua, porque suele no haber productores en este país. Así que uno ha de procurar meterse en el clan de Elías Querejeta -otra empresa iniciática-, postular al Departamento de Buenas Obras -la compañía de Alfredo Matas solía financiar una película de debutante anual- o convencer a un comerciante de grano de Navalcarnero, por un casual deseoso de invertir en cine. Si tales maniobras fallan, quedan dos posibilidades: a) reunir dinero de la familia, de conocidos acomodados, etcétera. y montar una pequeña productora; b) convencer a un grupo de amiguetes de la profesión y montar una cooperativa. Tanto a) como b) parecen los métodos más populares actualmente.

3. Luego hay que rodar la película. Que en tales condiciones suele parecerse más a una carrera de obstáculos que a una operación artística. Puesto que la mayor parte del tiempo ha de dedicarse a buscar fondos para rodar al día siguiente, y cosas parecidas, uno ha de estar bien despierto en las pocas pausas libres para el rodaje propiamente dicho y tiene que ser creativo e inspirado.

4. Luego hay que encontrar un distribuidor. El problema radica en que las grandes distribuidoras -las pequeñas andan falleciendo- no invierten ya en producir peliculas españolas. Se limitan a comprarlas terminadas para a) tener derecho a permisos de importación, y b) cumplir la legislación vigente. Como las grandes distribuidoras centran sus preocupaciones en grandes títulos americanos -un mal rendimiento de un éxito puede suponer líos, destituciones, etc.-, cabe esperar, con reglas de juego tales, que tu película no tendrá una comercialización muy lúcida.

5. Luego hay que encontrar un cine que la estrene. Suponiendo que esté en regla con las autoridades militares, civiles, eclesiásticas, o con cualquier otra autoridad, que es un suponer. Y que el exhibidor no diga -ahora lo dice mucho- que le falta comercialidad, interés, calidad o las tres cosas a la vez. Pero aún si no la estrena por pura y simple obligación. tal como caminan los techos de recaudación, lo más probable es que la retire de cartel en cuanto deje de dejar un millón semanal en taquilla.

Cumplido este azaroso ciclo, el cineasta ha de entrar en lo que llamaremos la Etapa Sísifo, y volver a comenzar desde el principio. Un mes, un año, un lustro después. Esta profesión es la única cuyos practicantes no pueden ejercerla a diario, como ocurre en todos los demás oficios.

Para terminar, demos fe de dos fenómenos extraños: Que unos cuantos excéntricos se empecinan por seguir practicando esta profesión en nuestro país, y que se sigue haciendo alguna buena película española de vez en cuando.

En el mundo siempre pasan cosas raras. Pero, en España, más todavía, si cabe.

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